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Antropología, lenguaje y comunicación

Su conciencia, su origen, sus relaciones, sus modelos de organización y todos los aspectos relacionados con el ser humano siempre han sido temas que han cautivado a grandes  plumas en el transcurso de la historia. De aquí, el origen de las ciencias sociales, que se ocupan de aspectos del comportamiento y actividades de los humanos, y dentro de ellas, el surgimiento de disciplinas como la antropología, la lingüística y la comunicación.

Aunque no lo sepamos, los comunicadores tenemos algo de antropólogos y los antropólogos también tienen algo de comunicadores. Al compartir su objeto de estudio,  ambas ramas del conocimiento se interrelacionan borrando los límites de la aplicación de cada una.

Para empezar, hablaremos sobre la antropología. Derivada de “anthropo”, que significa hombre, y “logos”, razonamiento, esta es ampliamente conocida y entendida como la ciencia social que estudia al ser humano de forma integral, combinando los enfoques de las ciencias naturales, sociales y humanas. Ya que su sujeto de estudio es el hombre, la antropología se enmarca plenamente dentro de las ciencias sociales, tornando a su vez su fundamente en análisis y descripciones subjetivas e inherentes a quien la estudia. Sus interrogantes se centran en el hombre como miembro del reino animal y en su comportamiento como ser social.

De acuerdo con la autora Ruth Benefict, la antropología como disciplina apareció por primera vez en 1979, y pronto fusionó dos líneas de investigación distintas, pero complementarias: una base naturalista relacionada con la diversidad física y otra sociocultural inspirada en la diversidad de los pueblos. De aquí que más tarde, alrededor del siglo XIX, se distinguieran dos grandes campos de acción dentro de esta ciencia: antropología física y antropología social o cultural.

Su extenso campo de acción ha facilitado su división en ramas especializadas de la investigación. El esquema más clásico la divide en antropología física/biológica , antropología sociocultural, arqueología y lingüística.

Extendiéndonos en la primera rama, cabe resaltar que la antropología física, también conocida como “antrobiología”, analiza la diversidad de los rasgos físicos del ser humano, en el pasado y en el presente. Esta disciplina incluye la investigación de la evolución de la anatomía humana, como resultado de sus adaptaciones al ambiente, y la relación de los individuos entre los pueblos actuales.

Por otro lado, la antropología social y cultural estudia el comportamiento humano, la cultura y las estructuras de las relaciones sociales del hombre. Uno sus principales proponentes es Claude Lévi-Strauss, quien describe en ella un análisis del comportamiento humano basado en un enfoque estructural en el que las reglas de comportamiento e encuentran ordenadas dentro de su sociedad; el comportamiento de todos responde a estos patrones.

La antropología lingüística o lingüística antropológica por su parte estudia los lenguajes humanos como construcción social, ya que éste, como herramienta conceptual, aporta el más complejo sistema de clasificación de experiencias que facilitan la comprensión de la cultura.

En este contexto, el lenguaje, entendido en su forma más básica como un conjunto de señales que dan a entender algo, juega un papel primordial, ya que su conformación fue uno de los primeros logros del hombre en su evolución hacia su condición de sapiens.

Al hablar de lenguaje no podemos dejar de referirnos a la comunicación, que es la ciencia que busca explicar cómo se realizan los intercambios comunicativos y cómo estos afectan a la sociedad. Retomando su consideración dentro de las ciencias sociales, como referimos en líneas anteriores, es fácil deducir que la comunicación, como proceso de intercambio de información, es una facultad inherente al hombre al igual que el lenguaje.

Ya que su esencia gira alrededor del ser humano, no es difícil deducir cómo se relaciona la comunicación con la antropología. Entender y conocer a la persona, potencial generador o perceptor de comunicación, nos ayuda a comprender sus códigos lingüísticos, sus formas de interrelación social, usos que da a la información, etcétera.

Paul Bohannan y Mark Glazer , en su libro Antropología,  refieren que “una sociedad está compuesta de individuos y grupos que se comunican unos con otros”. La comunicación no cesa en los límites de la sociedad. Estos límites más bien constituyen umbrales donde la proporción y formas de la comunicación, sin decaer, alcanzan un nivel mucho más bajo”. En resumen, la interacción de mensajes comunicativos entre miembros de una sociedad, incluso entre sociedades, no se detiene nunca.

Entre otros antecedentes que cabe resaltar en esta arista encontramos el planteamiento del ya referido Lévi Strauss, quien alrededor de la década de los 50 planteó la necesidad de crear una Ciencia de la Comunicación a fin de objetivar la dimensión comunicativa, transformarla en objeto de estudio con independencia del sujeto en cuestión. De acuerdo con el antropólogo Nicolás Guigou, en este punto ya no importaba lo que se decía ni quién lo decía, sino el mero intercambio y la circulación de información.

Guigou agrega que “Lévi-Strauss hundía el dar, el devolver y el recibir en un inconsciente colectivo y vacío, en una función simbólica y en una estructura que eran propiedad de toda la especie, más allá (o más acá) de contingencias históricas y socio-culturales”.

En esta misma línea José de la Mora Medina afirma que “Lévi-Strauss extendió su descubrimiento a otras áreas de la vida social y llegó a distinguir tres niveles de comunicación social: comunicación de mensajes, esto es todos los productos simbólicos que operan sobre la base del lenguaje o de algún sistema codificado de signos; comunicación de mujeres, las formas de organización del parentesco y el intercambio matrimonial; y la comunicación de bienes. Como resultado de la necesidad de estudiar estos aspectos surgieron ramas de la ciencia como la economía y la lingüística, última que es otro de los puntos de fusión y de partida de la comunicación.

Roman Jakobson plantea que “los antropólogos nos prueban, repitiéndolo sin cesar, que lengua y cultura se implican mutuamente, que la lengua debe concebirse como parte integrante de la vida de la sociedad y que la lingüística está en estrecha conexión con la antropología cultural”. Para él, la lengua, como el principal sistema semiótico-lingüístico, es el fundamento de la cultura: “Ahora sólo podemos decir con nuestro amigo McQuown que no se da igualdad perfecta entre los sistemas de signos, y que el sistema semiótico primordial, básico y más importante, es la lengua: la lengua es, a decir verdad, el fundamento de la cultura. Con relación a la lengua, los demás sistemas de símbolos no pasan de ser o concomitantes o derivados. La lengua es el medio principal de comunicación informativa”.

Aunque cada rama del saber se ha desarrollado de forma “independiente”, consciente o inconscientemente, un profesional de estas áreas siempre involucra elementos de las otras en sus análisis e investigaciones.  En las últimas décadas precisamente se ha desarrollado una tendencia de conjugar la antropología con el análisis de los medios de comunicación para definir qué hace la gente con los medios y qué hacen los medios con la gente, aunque debe ser tema de un análisis futuro.

“Mi familia aprende” sí me sorprendió

A pesar de los tantos desaciertos, creo que esta propuesta podría tener futuro.

El 13 de agosto, el Ministerio de Educación sorprendió con el lanzamiento del programa televisivo “Mi familia aprende”, que será implementado, para empezar, en 10 de los 45 municipios más pobres del país.

Según el comunicado de la cartera educativa, el propósito de “Mi familia aprende” es brindar a los padres de familia espacios formativos que permitan incrementar sus conocimientos y habilidades, de tal forma que puedan atender las necesidades de sus hijos. La formación brindada a través de este medio estará centrada en tres ejes principales: nutrición, fortalecimiento de valores y educación en salud.

Aunque considero que este gobierno ha tenido más desaciertos que aciertos, me parece interesante esta propuesta de “enseñar”. Al respecto, viene a mi memora una célebre frase, de autor anónimo, que reza: “Dale un pez a un hombre y comerá un día; enséñalo a pescar y comerá siempre”. Admiro la sabiduría de estas palabras, pues realmente considero que el conocimiento es el regalo y la herramienta más útil que un ser humano puede recibir.

Contrario al programa “Mi familia progresa” –que por cierto me parece una total tontería—, creo que esta propuesta tendría más futuro si se hace como se debe. Se percibe que las intenciones de quien quiera que haya pensado en este proyecto son ambiciosas y bien encauzadas; ahora, el éxito o fracaso del mismo dependerá de los ejectures.

Bello concepto, ojalá no termine siendo solo una estrategia más de politización y alienación hacia “los más olvidados” como los califican los “altos mandatarios”.